Ilian Ertugral (versión en español)

A Piña nos encomendamos (In Piña we trust)

Estuve 6 meses en Piña Palmera como voluntario. Durante este tiempo, mi visión viró desde las expectativas iniciales de un lugar maravilloso, hacia la cruda realidad de una fruta podrida. Tras meses de duros enfrentamientos entre el grupo de voluntarios y la dirección, puedo decir que la indicación es “lean el Manual de los voluntarios”. Así que, si estás considerando un voluntariado en Piña Palmera y te preguntas qué puedes esperar, por favor, lee el Manual de los voluntarios; y lo que es más importante, lee este manual sólo y exclusivamente. Ignora cualquier otra parte de la página web, o cualquier otra información oral o escrita que puedas tener con Piña Palmera, porque no estás capacitado para comprenderla y encajarla en su contexto. Es decir, Piña cobra sentido sólo en Piña.

El Manual de los voluntarios describe a grandes rasgos lo que será tu rutina, nada más y, sobretodo, nada menos: una especie de semi esclavitud auto infligida. Una vez que asumas esto, es sencillo disfrutar de tu estancia aquí. Zipolite es una hermosa playa en un ambiente laxo y jipi, donde sol y calor están asegurados. La jornada de trabajo en Piña es relajada y la gente es habitualmente acogedora y amable; si consigues tomar distancia y abstraerte cumpliendo con aquello que se te pide, éste es tu lugar y encajarás perfectamente, entonces puedes obviar este tedioso artículo. Por el contrario, si tienes algún tipo de inquietud en rehabilitación, discapacidad, trabajo comunitario y pensamiento racional, te invito a seguir leyendo.

Desde un principio, Piña Palmera despertó en mí sentimientos enfrentados. Por un lado, cierta belleza inherente ilumina este lugar; por otro lado, hasta lo más banal carece de sentido y perspectiva. Tardé un mes en identificar el problema, su nombre es Flavia Ester Anau, la coordinadora general. En Piña, una única persona controla cada detalle de la organización, desde la financiación hasta la administración, la estrategia de rehabilitación a la comunicación o la organización del riego, todo. Ésta es la razón por la que todas y cada una de las áreas de Piña fallan paralizadas en su negligencia e incompetencia. A continuación, comparto mis observaciones sobre los aspectos más relevantes de su deficiente gestión:

Flavia introdujo la estrategia denominada Rehabilitación Basada en la Comunidad (RBC) en Piña, estandarizando su práctica, pero como carece de cualquier experiencia en fisioterapia o perspectiva clínica, acabó convirtiéndose en la versión de RBC que la Pantera Rosa pudiera tener: una absurda y estúpida forma de entretenimiento. Piña es legalmente responsable del fraude que supone servirse del término ‘rehabilitación’, cuando en realidad lo que ofrece son actividades extra escolares de socialización. Como un placebo, la RBC de Piña funciona sólo con aquellos que realmente no la necesitan. Todo niño que no es atendido por Piña es un niño que se encuentra a salvo. No quise ser cómplice de esto, de modo que negué a participar en cualquier actividad relacionada con la RBC, dedicándome a otras tareas.

El área de Cuidados Especiales es una gran desconocida para Flavia. Después de su aseo, cambio y alimentación, los 4 residentes son literalmente aparcados hasta las 6 pm, momento en que son acostados para las siguientes 16 horas. No existe planificación de actividades para el día a día, y tampoco se les permite a los voluntarios propuesta alguna al respecto. Tras un pequeño tiempo, uno se percata que estas personas son sólo el vestigio de un tiempo pretérito gracias al cual Piña sigue mamando dinero del gobierno o de los Amigos de Piña en Suecia. También Cuidados Especiales es parte de la didáctica de los talleres de Piña, cuando, para remover conciencias o bolsillos, turistas, escolares y cualquier visitante en pequeño o gran grupo, es llevado a visitar el área como si de una atracción se tratase. Cuando presencies uno de estos tours, respira hondo, piensa que no es real lo que ves y recuerda que es tu herida dignidad la que habla.

Flavia dirige Piña desde hace más de 20 años, y todavía no ha desarrollado ningún plan estratégico de negocio y auto sustentabilidad. Resulta increíble que con los recursos que recibe y la cantidad de profesionales que han pasado por Piña, sólo sea capaz de auto financiarse en un 5% de su presupuesto total. Claro, esto se explica si tenemos en cuenta que la fuente de ingreso más eficiente es, como hace 20 años, hornear y vender pizza dos veces al año. Aún y todo, no puedo entender a dónde van a parar los 5.000.000 pesos que por donaciones se reciben cada año, por lo que tampoco sorprende que la sección ‘transparencia’ de su página web contenga sólo bazofia.

Pero es el área de comunicación donde Flavia se mueve como pez en el agua, con un toque teatral que sólo los sociópatas o los vendedores a domicilio poseen. Tras cada uno de sus discursos uno acaba con ‘el síndrome del restaurante chino’: en primer lugar, no sabes si te sirvieron pollo o gato callejero, más tarde uno se pregunta cómo es posible estar hambriento tras haber comido como un cerdo, y por último da comienzo el maratón de diarrea y vómito. Con los trabajadores, voluntarios y cualquier otro ser humano, he visto como Flavia va desde sutiles niveles de manipulación hasta el más duro puño de hierro, con técnicas más propias del personal de recursos humanos de grandes empresas; no precisamente lo que uno esperaría ver en un pequeña ONG de base comunitaria. Estoy convencido que, entre su repertorio, también ha de haber alguna actuación en que se presente sumisa y doblegada, desafortunadamente no tuve el placer de verla agasajando a un acaudalado donante.

La junta general semanal es un ritual obligatorio donde hace alarde de su poder absoluto mientras sus secuaces, dispuestos en un círculo primitivo, entretienen a la Emperatriz con una triste pantomima. En su defensa, he de admitir que este tipo de juntas generales son, con toda probabilidad, la forma menos efectiva de la historia de la humanidad para la toma de decisiones. De modo que, dejando a un lado la humillación de estar obligado a participar, resultan tan solo una declaración estética de autocracia.

Flavia es la responsable, cómo no, de las relaciones exteriores. Sin embargo, no habla una palabra de inglés, siendo Piña una organización cuyo presupuesto depende en más de un 30% de donaciones del extranjero. También desconoce, orgullosa además, cualquier cosa después de Windows 95, lo que justifica por sí mismo como la presencia de Piña en Internet y redes sociales es la de una aficionada.

La visión sobre la discapacidad que Flavia ha instaurado en Piña es pueril y escasamente valiosa. Como voluntario he ayudado en muchos de los denominados ‘taller de sensibilización’, y me ponía enfermo ver que tanto a niños como adultos el nivel de reflexión de las preguntas era siempre del tipo “¿Cómo crees que puedes ayudar a las personas con discapacidad en su día a día?” o “¿Crees que los discapacitados deberían ir a escuelas especiales o normales?”. Cómo no, la presuntuosa y pedante explicación de ‘el término adecuado es persona con discapacidad y no discapacitado, pues de ese modo estamos reconociendo la dignidad de la persona’. Sí, indudablemente. En más de una ocasión he tenido la tentación de interrumpir tan triste espectáculo y preguntar “¿Por qué creen que la discapacidad es inquietante, perturbadora y nada atractiva? ¿Qué están tratando de camuflar la educación y la corrección política? ¿Tal vez el hecho que enfrentar la discapacidad abre una ventana oculta a nuestros más recónditos miedos: ser débil, necesitado, rechazado, indeseado, inadecuado, incomprendido, aislado? ¿Tal vez el temor que cualquier esfuerzo y expectativa resultará en vano?” Quizá, quién podría saberlo. Como yo concibo la discapacidad, es otra de las miles de razones que te hacen sentir como un extraterrestre en el planeta equivocado, esperando el momento que la nave nodriza te rescate y te lleve de vuelta a casa. Mientras, más allá de mis sueños, la realidad es que al finalizar estos talleres todo el mundo suele coincidir en que las rampas para sillas de ruedas son una gran idea.

Las proyecciones de futuro no resultan esperanzadoras para Piña, dado que las nuevas generaciones de trabajadoras son ex voluntarias que, como Flavia, adolecen de perspectiva alguna. Aún y todo, Piña se construye de la belleza, la calidez y bondad de sus gentes. Entre ellos, ajenos a las dinámicas de poder que tan perfectamente encajan con la enfermiza actitud controladora de Flavia, muchos de los que fundaron este lugar hace décadas. Seguramente ha sido un sencillo juego para ella. En un plano teórico, un liderazgo absolutista facilita obviar los rigurosos procesos de la democracia, impulsando un próspero desarrollo. En este caso, sin embargo, el resultado ha sido nefasto, Piña Palmera no ha evolucionado en absoluto. Es más, nadie en el lugar de Flavia podría haberlo conseguido por sí mismo, porque una organización compleja como Piña necesita una variedad de expertos que nunca pondrán encontrarse en una única persona. Lo que un individuo, habitualmente un apasionado visionario, puede llegar a conseguir es la demostración de un prototipo de trabajo que el tiempo, los expertos y la comunidad elevarán a un nivel profesional, pero no es esto lo que Flavia ha hecho. Ella ya heredó este prototipo y lo ha estado exprimiendo por más de 20 años, dejando a Piña en un seco páramo.

El poder y las responsabilidades han de ser redistribuidos a cada una de las áreas, y resulta imperioso una persona capacitada al frente del área de terapia y de cuidados especiales, un director ejecutivo, un experto en comunicación y, por supuesto, un nuevo coordinador general. Porque en estos momentos los únicos beneficiarios reales del trabajo de Piña son los propios trabajadores, que de algún modo pueden llevar una vida honesta más allá del gran fraude que es Piña.

Hace algunos meses, cuando concebí la idea de este blog, mi única intención era proporcionar en primera persona las experiencias de voluntarios en Piña para posibles futuros voluntarios, y que estas voces les ayudasen a discernir si Piña es la opción que están buscando. Hoy en día, este blog se dirige a su vez a todos aquellos que han amado Piña hasta tal punto como para asumir su financiación en los últimos 30 años. Este blog es una invitación a mirar con detalle y cautela dónde y cómo se gasta el dinero que aportan y si realmente merece la pena que así sea.

Más que financiación, lo que Piña Palmera requiere es un cambio que no puede operarse desde el interior de Piña.